¿POR QUÉ ELEGIMOS VENEZUELA?



Por: Maribel Pinheiro

Agosto 2020


 

Quizás la pregunta ya no es tan relevante en estos tiempos como lo era hace un par de años cuando en todo tema de conversación de manera inevitable surgía:  - ¿cuándo te vas? o lo que confieso a veces resultaba más difícil de responder:  ¿para qué te quedas?  o ¿qué estás esperando? -  a todas esas preguntas y luego de una respiración profunda siempre traté de hacerle entender mis razones a ese amigo, colega o familiar para quien desde su visión ya resultaba casi una decisión suicida apostar por un país que se desmoronaba a pedazos, lo cual por cierto sólo ha logrado empeorar en el último año.  Sin embargo debo confesar que no ha sido sino hasta estas últimas semanas y haciendo uso del regalo inesperado del tiempo que nos hizo Covid-19,  que he logrado entender o al menos eso creo, la motivación más profunda por la que  muchas personas como yo que incluso con la posibilidad de partir, elegimos quedarnos. 

LA NUEVA SOCIEDAD

 

La pregunta ya no es tan común, lo ocurrido en las últimas semanas ha puesto sobre la mesa que todos estábamos habitando un mundo bastante caótico, que la búsqueda de bienestar individual sería en algún momento frustrada por un modelo de mundo que parece haberse agotado: desigualdades, intolerancia, discriminación, frustración, migraciones, conflictos, pandemia, pobreza, abuso indiscriminado contra el medio ambiente, los animales, las personas ..y una larga lista de etcéteras que ocurren a la par de increíbles avances tecnológicos, la era digital, la inteligencia artificial y la exploración del espacio.

 

El fortalecimiento de paradigmas que ya se venían gestando pero que hoy se venden como antesala de la nueva sociedad como la responsabilidad universal en el cuidado del medio ambiente, la riqueza con propósito, el espíritu colaborativo en el que todos somos responsables de contribuir a nuestra sociedad,  me dieron la clave. 

 

En Venezuela un importante número de empresas que se están quedando son empresas familiares, aquellas fundadas en su mayoría por inmigrantes que huyeron de guerras, crisis y caos en sus países, en muchas de ellas han sido sus socios fundadores, si aún están con vida, quienes han asumido el reto de sobrevivir esta crisis; y lo hacen movidos por valores muy arraigados de agradecimiento a este país, lealtad, solidaridad y una visión madura de que las crisis no son exclusivas de un país, sino consecuencias inevitables de tensiones en la sociedad cuando no se responde a las expectativas de la gente e incluso que son procesos históricos cíclicos que anteceden a un nuevo período en la historia.  Tienen una visión del mundo que en muchos casos trasciende el miedo y los dota de una férrea voluntad de sobrevivir para esperar a que lleguen los tiempos de nuevas cosechas.

 

En el caso de las personas, entre las que me incluyo, que podríamos ubicarnos en la generación X, que crecimos en un entorno cambiante en el que dedicamos gran parte de nuestras vidas al estudio y desarrollo de una carrera profesional que calificara en los estándares de exitosa, movidos quizás en principio por intereses más individualistas y  que al final lograron avanzar en sus expectativas, se quedaron gracias a  un espíritu de trascendencia.  El deseo de trascender es una poderosa fuerza que orienta al ser humano en la convicción de que incluso desde su parcela individual puede hacer una diferencia dejando un legado para la sociedad y fue así como muchos profesionales decidieron permanecer en Venezuela, movidos por el deseo de ser parte de un movimiento de resistencia primero y de reconstrucción del país después,  con la visión de  un futuro en el que seguimos creyendo y  utilizando todas nuestras capacidades resilientes para reinventarnos una y otra vez.

 

LOS CIUDADANOS: COMPROMISOS Y PROPOSITOS.


Finalmente los jóvenes, esas generaciones que podemos agrupar entre Millenialls y Centenialls, y que si bien la mayoría decidió emigrar, también muchos de ellos decidieron regresar luego de culminar sus estudios y algunos  lo hicieron  para acompañar a sus padres en el reto de sobrevivir y transformar el negocio familiar para hacerle frente a los retos de un futuro que ellos  con su más desarrollado sentido de ciudadanos del mundo y compromiso con nuevos propósitos de sustentabilidad universal logran visualizar con total naturalidad; mientras que otros que también retornaron lo hicieron para ser parte de la reconstrucción de su país.  Al final todos ellos movidos por un sentido de trascendencia, un deseo que estaría en lo más alto de la pirámide de Maslow, el de adueñarse del futuro asumiendo la responsabilidad de impulsar y ser parte de los cambios que aspiran.

 

Quienes elegimos Venezuela y actualmente seguimos aquí no por falta de alternativas sino por mera, simple y responsable elección, es posible que no seamos la mayoría pero al final los grandes cambios en la humanidad no fueron en principio gestados por una mayoría, sino por un grupo más reducido de individuos que tuvieron una visión más allá del presente y su realización personal, soñaron con un sociedad distinta, más libre, justa e igualitaria y además tomaron la responsabilidad en sus manos para inspirar a otros a llevar adelante sus sueños.  Quizás nos hemos convertido sin haber sido la propuesta inicial,  en las semillas de un nuevo país, marcado por la perseverancia, la resiliencia y una visión más madura del concepto de ciudadano. Para la mayoría esto puede aún no ser evidente, pero hasta hace poco eso que llamábamos “normalidad” y muchos aún extrañan,  hoy no luce ni tan normal ni tan ideal.

 

 


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