LIBERANDO EL EXCESO DE EQUIPAJE

 

Maribel Pinheiro M.
24/08/2020

En todos los seminarios, ponencias, foros y artículos relacionados con las competencias que debemos desarrollar y que serán indispensables en los próximos tiempos, la capacidad de aprendizaje parece clave para poder desenmarañar el camino y adaptarnos a estos tiempos.

La pregunta es, si será suficiente abrirnos al aprendizaje de nuevas destrezas y herramientas, desarrollar la flexibilidad para cambiar lo que se requiera o si además como requisito indispensable, tendremos que trabajar en desprendernos del equipaje que la “vieja normalidad” nos dejó a todos.  Esta es quizás la alcabala que evadimos en el proceso de transformarnos, reinventarnos y evolucionar: desprendernos de juicios, creencias y de todo ese exceso de equipaje emocional que sin saberlo muchos de nosotros cargamos durante la mayor parte de nuestras vidas.

Algunos de nosotros tenemos el mal hábito de iniciar un viaje llenando nuestras maletas con prendas que en su mayoría sólo fueron escogidas “por si acaso…” al final esto se traduce en un pago por exceso de equipaje en el counter del aeropuerto y en mi caso particular en la mayoría de las veces, un exceso que terminaba regresando tal como fue empacado.

Me ha costado años y buena dosis de disciplina a la hora de armar maletas, desprenderme de ese exceso de equipaje.  Algo parecido supongo nos ocurre con nuestros armarios, gavetas, maletines, etc.  Si esto ocurre con cosas materiales que fácilmente podrían clasificarse en algún orden, imaginen lo que ocurre con todas nuestras historias personales, hábitos formados por años, juicios y creencias reforzadas por paradigmas generacionales.

En un seminario del Dr. Joe Dispenza un médico experto en neurociencia, conferencista y autor de varios libros sobre el funcionamiento del cerebro, el pensamiento y la conciencia, este explicaba cómo durante los primeros 35 años de nuestra vida se formaban el 90% de los patrones de pensamiento que posteriormente se repetían una y otra vez, la mayoría de las veces reforzando las creencias y construyendo relaciones basadas en ellos, mientras que sólo un 10% realmente lograba moverse y ser transformado por nuevas experiencias,  esto claro está, si la persona de forma consciente y voluntaria, iniciaba un proceso honesto de auto contemplación, tan profundo que lograra realmente remover ese callo emocional formado durante años de práctica.  

Según esta explicación, pasamos entonces casi la mitad de nuestra vida aprendiendo patrones de pensamiento y comportamientos que luego tendremos que soltar durante la otra mitad,  y lo más irónico es que para lograr esto último, seguramente requeriremos ayuda externa, pues hacer nosotros mismos un inventario de todas esas creencias es casi misión imposible, sobre todo porque muchas de ellas son justamente las “por si acaso”,  cuidadosamente empacadas en el fondo de nuestro subconsciente y que a veces resulta tan doloroso e incluso estresante desprenderse de ellas, como hacerlo con ese viejo peluche que te queda como único recuerdo de tu niñez regalo de un ser muy querido que perdiste hace tiempo.

No cabe duda que el mayor esfuerzo que cualquiera de nosotros debe hacer si quiere resetear su disco duro, renovar su YO interno y hacer cambios reales en su vida, abriendo espacio para nuevos aprendizajes, está precisamente en abrir la puerta de nuestro armario interno, comenzar a hurgar sin contemplaciones, si es posible con alguna ayuda extra, sacar toda la ropa vieja, llorar si es necesario y no detenerse hasta que quede lo más limpio posible.

Pasé la mayor parte de mi vida tratando de cambiar algunas cosas de mí, metiendo cosas nuevas en mi maleta emocional y creyendo que al hacerlo podría tener una vida más plena y feliz, cuando todo el tiempo debí comenzar por liberarme del exceso de equipaje.

 “hay que sacar lo viejo para que pueda entrar lo nuevo”, sabiduría popular

 


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