El conocimiento NO es poder...


 
Maribel Pinheiro M.
17/08/2020
 

Trato de recordar la primera vez que escuche la frase: “el conocimiento es poder”, pero lo único que logro tener presente es el significado que se ancló en mi mente: “Si sabes más que otros, si eres capaz de tener más respuestas y teorías, modelos, referencias de personas importantes y sobre todo el aval de un sinnúmero de títulos que funcionaran como credenciales, entonces no había la menor duda; el éxito profesional estaba asegurado con ello la estabilidad económica, reconocimiento y una vida próspera y feliz”.

Nunca reflexioné mucho sobre las distintas formas y significados que el conocimiento podía tener para cada persona, pero una película basada en una historia real se convirtió para mí, en una experiencia de aprendizaje inesperado.

La historia se desarrolla en una aldea de Suráfrica: Malawi, en el año 2001.  Afectada no sólo por la pobreza sino también por una larga sequía que casi acabó con ella, un niño de nombre William Triwell, de apenas 11 años en su afán de aprender y pese a todas las limitaciones y penurias de su entorno, encuentra en un viejo libro la clave para sacar agua de los pozos ya casi secos y salvar a su gente: Un molino de viento.  La forma como ese evento cambió no sólo la vida de William, sino todo su entorno y las posibilidades que abrió para su comunidad, su familia y él mismo, puso en una perspectiva distinta mi propia visión sobre ese viejo paradigma, en cuanto a lo que el conocimiento podía representar. (1)

Acumular conocimiento debería no sólo facilitar nuestra vida, sino también ampliar nuestra visión, regalarnos una buena dosis de tolerancia y flexibilidad frente al mundo, y sobre todo crear en nosotros el sentido de responsabilidad para tratar con mayor respeto y sentido de propósito nuestro patrimonio intelectual evitando convertirlo en motivo de desmerecimiento hacia otros y terminar transformándonos en personajes insoportablemente engreídos.

Podemos dedicar años de nuestras vidas a construir, mantener y proteger ese patrimonio, pero tarde o temprano descubriremos que lo más valioso no está posiblemente en lo aprendido sino en como lo hicimos; las experiencias vividas, la gente conocida, los lugares y lazos que estrechamos, la forma como hemos invertido ese patrimonio intelectual, los aportes personales y profesionales que hemos dejado atrás junto con las vidas que posiblemente afectamos, para bien o para mal, desde nuestro ejemplo. 

Promover el conocimiento y la educación es casi una responsabilidad colectiva.   Las personas, así como la sociedad en su conjunto y finalmente los países, sólo pueden prosperar cuando cada uno de sus ciudadanos tiene la oportunidad de formarse, de educarse y utilizar ese conocimiento para fomentar la igualdad de oportunidades, bienestar y prosperidad para todos. 

Este escrito no es una crítica al saber y menos al esfuerzo de años de estudio, experiencias y trabajo, no podría serlo pues yo misma he experimentado el valor de poder acceder a ello, es por el contrario una reflexión sobre distintas visiones y formas en que el conocimiento puede transformar a la persona y ser moldeado para beneficio propio o de otros.

El conocimiento no es poder, es libertad personal y patrimonio de la humanidad.

1 The boy who harnessed the wind”, BBC Films 2018

Basada en una historia real

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