El arte de COMPROMETERSE

Por: Maribel Pinheiro

 

Como pueden palabras que hemos escuchado toda la vida, que han representado en múltiples formas las distintas dimensiones del mundo con el cual hemos intercambiado risas, llantos, tristeza, rabia, aceptación, fortaleza, amor, resentimientos, de pronto cobrar un significado totalmente distinto y por ello dar paso a experiencias no sólo distintas sino totalmente opuestas.

¿Quién a lo largo de su vida no ha contemplado el significado de la palabra compromiso? ¿No ha sido acaso para muchos de nosotros la clave para trabajar por nuestros sueños y metas? ¿El mantra al que nos aferramos para demostrar nuestra capacidad de superar obstáculos y adversidades con el firme propósito de seguir en la ruta hacia lo que valoramos y deseamos? ¿Tenemos el derecho de exigir a otros tener compromiso, como si comprometerse fuera una acción tan sencilla como elegir la ropa que hemos de usar un día cualquiera?

Hemos aceptado y visto el compromiso como un requisito indispensable en todo catálogo de promoción hacia el éxito, pero quizás no valoramos lo suficiente lo que la acción de comprometerse le hace a nuestros pensamientos y emociones. Sin duda todos tenemos la capacidad de comprometernos, pero tener algo y saber cómo usarlo son cosas muy distintas. 

Cuando algo nos apasiona, cuando algo de sólo pensarlo nos arranca una sonrisa y el sólo imaginar vivirlo o tenerlo nos llena de energía y entusiasmo, aquello que debamos hacer para obtenerlo o disfrutar esa experiencia es simplemente algo natural, cuando mucho requerirá algún esfuerzo que nos parecerá menor en comparación con el premio a lograr.  Cuando la relación entre esfuerzo y premio la percibimos desigual, lo cual ocurre de forma automática para todo aquello que no nos importa lo suficiente o no tiene valor y significado relevante en nuestra vida, cualquier mínima acción es interpretada de manera inconsciente como un sacrifico y seamos honestos, eso está muy distante de cualquier emoción placentera o generadora de motivación.  Todas las emociones tienen detonantes, un motor en forma de pensamiento que genera una reacción en cadena en todo nuestro Ser, por lo cual es algo absurdo exigir o exigirnos aferrarnos al compromiso como un mantra para tener una determinada actitud favorable hacia algo o utilizarlo como estándar de calidad para cuantificar la valía personal de alguien, sin tomar en cuenta lo que representa para cada quien lo que con el compromiso se pretende lograr.

Comprometerse es una acción natural cuando lo que tenemos por delante está en relación y alineado con aquello que deseamos y representa algo de valor para nosotros y a partir de allí nuestro corazón y mente funcionan en perfecta sincronía generando las acciones requeridas con el mínimo de esfuerzo. Lo contrario es sacrificio y eso también de manera natural genera consecuencias, aunque muy distintas: pesadez, apatía, evasión, molestia, rabia, frustración.

¿Dónde está la clave entonces para que todos podamos hacer uso de esa maravillosa y poderosa herramienta que tenemos guardada en el armario de nuestro Ser?  como siempre la respuesta está en nosotros, y en hacernos conscientes de lo que realmente queremos y deseamos, aquello que nos hace felices, hacernos conscientes de NOSOTROS MISMOS, eso que algunos llaman introspección, ¡mirarse el ombligo, pues!

Dedicarnos momentos de curiosidad para preguntarnos sincera y abiertamente qué queremos realmente hacer en nuestra vida, dejar de perder el tiempo creándonos falsas expectativas sobre cosas que en el fondo sabemos no nos importan lo suficiente, ganando tiempo para pensar cómo lograr aquello que “Si” queremos y permitiendo entonces que de forma natural todas las maravillosas capacidades de las cuales hemos sido dotados, hagan lo suyo.

Comprometerse es un arte porque nace de la creación en nuestro corazón y mente, es el resultado de ser honestos con nosotros mismos y con el mundo, sin el miedo al juicio de otros o mucho peor, al nuestro.



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