Las distorsiones del EGO

Por: Maribel Pinheiro
15 de marzo de 2020

La firmeza no está reñida con la amabilidad, con la gentileza y con el respeto; ser firmes en una posición no se exhibe con rabia, molestia y menos con odio; he aquí las posiciones radicales. La justicia no está reñida con el perdón ni siquiera con el amor; he aquí la venganza. La bondad no está reñida con la autoestima que exige poner límites a otros cuando estos vulneran nuestro derecho a sentirnos en paz. La humildad no está reñida con la autoconfianza cuando nos mostramos felices y satisfechos al ver nuestros logros, así como el fracaso no está reñido con el éxito. Las distorsiones son creaciones del ego y he aquí el mayor obstáculo para alcanzar la felicidad.

Hemos construido un mundo basados en la percepción de que el éxito requiere firmeza, dejar de lado las emociones porque éstas vulneran el juicio, que acumular riqueza requiere olvidar la generosidad, que los ricos y exitosos son insensibles y los que acumulan títulos, grados académicos y reconocimientos sólo persiguen su propio bienestar, mientras que carecer de todo ello es la ausencia total de ambición y deseo de superación o el resultado de las más adversas circunstancias de vida.  Hemos entrenado nuestra mente para ser fiel sirviente de todas las creencias acumuladas durante años y con frecuencia entrenamos nuestro cuerpo y escuchamos con atención todo lo que informa sobre mantener la salud física, pero muy poca atención a lo que hace nuestra mente.

Se declara con frecuencia que si fuera con nuestra mente que se tomasen las  decisiones  y no desde las emociones, éstas serían más racionales, sensatas y por lo tanto acertadas, como si nuestros pensamientos no estuviesen bastante sesgados por toda la estructura de juicios que aceptamos como verdad absoluta. Ignoramos el simple hecho de que las emociones son la respuesta básica a un pensamiento, no sentimos y luego pensamos, pensamos y luego se dispara la emoción, así funciona, así de simple funciona. 

En el presente es donde debemos comenzar por hacer distintas las cosas, poner más foco en la forma cómo vemos e interpretamos el mundo.  Dedicar tiempo y atención a observar la forma como se relacionan nuestros pensamientos, emociones y acciones, hacerlo en el orden correcto para trabajar en aquello que en verdad nubla nuestra capacidad de observar el mundo que nos rodea y los eventos que ocurren.  Actuar con menos juicio y mayor tolerancia para percibir las oportunidades, agradecer los aprendizajes y aceptar el hecho de que son en aquellas elecciones que nos hacen sentir en paz y emocionan, donde realmente se encuentra el acierto.

 

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